Ser o no ser plenamente conscientes de quiénes somos, esa es la cuestión

Maria Rosa Buxarrais y Marta Burguet —profesoras de la Facultad de Educación e investigadoras del Grupo de Investigación en Educación Moral (GREM)— están convencidas de que hay que apostar por una pedagogía de la interioridad. «En el mundo apresurado en el que vivimos, se hace más necesario que nunca ser conscientes de quiénes somos, de qué somos. Es crucial detenerse y realizar un ejercicio de atención plena», asegura Buxarrais. «De hecho, el ser es algo genuino. Todos somos desde que nacemos. Pero para aprender a ser necesitamos herramientas y recursos que nos permitan desplegar todas las potencialidades de lo que ya somos y que nos ayuden a entender por qué somos como somos», añade Burguet.

Fruto de un encargo de la editorial Graó, ambas han coordinado un libro de autoría coral que lleva por título Aprender a ser. Por una pedagogía de la interioridad. La obra combina argumentos teóricos con ejemplos prácticos y pone de relieve la importancia capital del aprendizaje básico del ser. En la primera parte, siete autores fundamentan este aprendizaje desde marcos teóricos distintos: el filosófico, el psicológico, el neurocientífico y el pedagógico, que combinados proporcionan una perspectiva interdisciplinaria. En la segunda parte, se exponen prácticas que se están llevando a cabo con éxito en contextos educativos muy diversos, en los que se promueve el desarrollo de la dimensión emocional y anímica del ser.

La pedagogía de la interioridad 

«Aquello que vivimos, lo que pensamos o sentimos y lo que nos pasa por dentro es importante en la escuela y debe ser objeto de la pedagogía. Somos muchos los que sentimos que una pedagogía de la interioridad influye tanto en la calidad de la mirada con la que nos dirigimos a los demás como en la profundidad  de lo que vivimos», dice en el prólogo Lluís Ylla, director adjunto de la Fundación Jesuitas Educación.

La vertiente filosófica de esta cuestión la aborda Margarita Mauri, profesora de Ética de la Facultad de Filosofía de la UB. Mauri defiende que «el camino hacia el ideal moral debe empezar con lo que expresa la sabiduría griega, “conócete a ti mismo”, y debe continuar con el descubrimiento de la realidad». Además hace un análisis de los conceptos de existencia y de esencia, invitando a los lectores a considerar una visión del ser como algo esencialmente universal y existencialmente único.

El investigador del Departamento de Genética, Microbiología y Estadística de la UB David Bueno, experto en biología del desarrollo y neurociencia, y en su relación con el comportamiento humano y la educación, se centra en lo que el conocimiento del cerebro aporta al estudio de la autoconciencia y el autoexamen del “yo”. «La educación, entendida en sentido amplio (familiar, social, cultural, reglada, etc.), contribuye a fijar determinadas rutas neuronales en el cerebro, potenciándolas o podándolas. De ahí el gran poder de la educación. En el caso del análisis de la interioridad, pasa por estimular los procesos de reflexión y consciencia, para llevarlos a la autoconsciencia».

Empezar por uno mismo

El libro está animando a muchos profesionales de la enseñanza a apostar por el cambio. Buxarrais asegura que «en primer lugar, los docentes deben trabajar su interioridad y formarse para hacerlo». Las cuestiones existenciales, afirma, deben empezar en uno mismo: «Si no se hace este trabajo, por más que lean el libro, no lo conseguirán». Burguet advierte de que «hay que creer que vale la pena hacer este ejercicio personal y saber que es necesario invertir  en él espacio y tiempo», lo que supone dejar otras cosas para dedicarse a ello. «Cuando detectas al necesitado en ti, es más fácil. Y es importante saber que esta es una asignatura para toda la vida. No te acabarás de formar nunca. Es un trabajo que apuesta por una educación lenta, y eso entra en contradicción con el ritmo vertiginoso de la sociedad», añade. «De entrada, hay que tener tiempo para reflexionar —dice Buxarrais—, y ese tiempo debe ser consciente. La conciencia es clave».

Burguet, que cuando estudiaba EGB tuvo una maestra que dedicaba quince minutos diarios a la relajación y la conciencia y percepción corporal, asegura que, «si desde pequeños los chicos aprenden a detenerse y a hacer conscientes su cuerpo y sus sentimientos, cuando sean mayores tendrán este hábito incorporado y necesitarán hacer esa pausa, tener ese momento de relajación y de calma para tomar conciencia de lo que son, de su corporeidad». Buxarrais cree que «en las escuelas cuesta cambiar el chip porque significa ir contracorriente; la inercia actual y lo que se evalúa hoy en día es, por ejemplo, si el rendimiento escolar está bien valorado por PISA». Pero a su vez se muestra optimista: «Estábamos en un momento en que habíamos olvidado que somos personas y tenemos una conciencia. Es como todo. Todo vuelve, es el efecto péndulo».

Un modelo exportable 

Burguet y Buxarrais forman parte de una asociación recién creada, hace apenas dos meses, que se llama Casa de l’ésser y vela por el bienestar del ser humano en todas sus dimensiones como motor de transformación y construcción de una sociedad más cohesionada, equitativa y creativa. «Se trata de ir integrando todos los estamentos de la sociedad para tomar conciencia de que libronecesitamos tomar conciencia —valga la redundancia— y trabajar el ser. Queremos implementar el aprendizaje del ser en empresas, instituciones y hogares. Los cambios siempre cuestan, pero hay en ello un interés global creciente», destaca Buxarrais.

«Ya hay bastantes escuelas que están construyendo espacios para esto y que dedican un tiempo a la relajación y la interiorización. Y, de alguna manera, la herencia saldrá de aquí, porque todos esos niños que de pequeños hayan trabajado la interioridad de mayores necesitarán esos momentos de reflexión y de atención plena», puntualiza Burguet. La investigadora advierte, sin embargo, de que «a veces, en esos momentos de parada surgen las ideas que van contracorriente y quizás eso tampoco interesa demasiado socialmente». Y remata: «Según como, quizá conviene mantener movimientos de masa que no piensen demasiado. Los individuos libres siempre son más peligrosos que los individuos fácilmente manipulables».

Print Friendly

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *