¿Y si sustituyéramos los castigos por la meditación?

Cada vez más escuelas incorporan la meditación en las aulas consiguiendo disminuir comportamientos conflictivos y aumentar el rendimiento académico.

La meditación es el puente hacia la reflexión, la calma y la interiorización y comprensión de esas sensaciones que nos preocupan, inquietan, nos alteran o nos hacen felices. Por ello, invitar al alumno que se porta mal a meditar sobre su comportamiento puede beneficiarle no solo en el ámbito de la escuela, sino también en el entorno familiar.

La pionera en adoptar esta práctica ha sido la escuela primaria Robert W. Coleman Elementary de Baltimore en Estados Unidos que ha suplantado los castigos después de clase por meditaciones que ayudan a los niños y niñas a reflexionar y localizar ese comportamiento que les llevó a alterarse en clase. Se trata de usar una disciplina que, aparte de ayudar a que los niños conozcan sus sentimientos, les enseña también a responsabilizarse y comprometerse a cuidar el medioambiente, así como otras actividades, tales como cultivar vegetales en la escuela y tener su propia granja.

Visto los resultados efectivos de esta práctica varias escuelas de todo el mundo han empezado a imitar las formas en las que “escarmientan” a los alumnos más rebeldes. De hecho esta práctica ha llegado hasta España y se ha instalado en más de 200 colegios que utilizan el mindfulness, práctica budista, en las clases y con la que pretenden conseguir que los alumnos alcancen conciencia plena y escuchen sus emociones.

Mindfulness en las escuelas

El mindfulness o atención plena es una disciplina cada vez más practicada con la que se quiere conseguir atender a los pensamientos y emociones para asimilarlos. Sin más, se trata de aceptar el aquí y ahora, la realidad tal cual es. De esta manera se alcanza una mayor densidad neuronal, más felicidad y menos predisposición a sufrir depresiones. Muchas empresas ya utilizan el mindfulness para motivar a sus trabajadores, tal y como hace Google con sus empleados, y desde hace unos pocos años también se usa en algunos colegios e institutos españoles, tanto públicos como privados.

En los colegios de Canarias ya se ha dado un paso más implantando por primera vez en España una asignatura obligatoria y evaluable que se llama Educación Emocional. Esta materia se imparte en centros educativos como el instituto Arico y en el colegio público San Andrés, en Tenerife, así como también en el colegio Ciudad del Campo en Gran Canaria. Otras comunidades autónomas están desarrollando programas que contemplan esta disciplina, como el Programa Aulas Felices en Aragón, Escuelas Conscientes en la Comunidad Valenciana o el Programa Treva en Cataluña. Está demostrado que el absentismo en clase cae de manera abrupta seguido de una menor conflictividad en las aulas.

En España queda aún mucho camino por recorrer en la instauración del mindfulness en las escuelas pero las previsiones son buenas. El efecto y eficacia de la atención plena está bien arraigada en EEUU, Holanda y Australia, donde los gobiernos han decidido incorporar esta materia dentro del currículo tras comprobar que con tan solo 15 minutos diarios de meditación se mejora la concentración, la memoria y la atención, se disminuye la impulsividad, la ansiedad, la depresión, el estrés y la fatiga y se acrecienta el autocontrol, se refuerza la autoestima, la confianza y las habilidades sociales, se regulan las emociones y pensamientos, se potencia la empatía, etc.

Marta Lasala, profesora y logopeda de los colegios públicos San Veremundo y San Salvador, en Navarra, explica que es muy necesario que se dediquen unos minutos al día a la atención plena. En palabras de la maestra “los críos están hiperestimulados y estresados, son un reflejo de los padres” esta realidad hace que los niños “en las aulas se muestran muy inquietos y desmontan la clase” en la misma línea señala que “es importante introducir momentos de parada, enseñar a que se puede estar en silencio sin hacer nada”.

Ejercicios de atención plena

En la actualidad los niños reciben muchos estímulos, la mayoría de las veces se debe al arraigo de las nuevas tecnologías, como móviles, ordenadores o videojuegos, que alteran la vida de los más pequeños y es por eso que dedicar un tiempo a la reflexión puede suponer un desahogo con muy buenos beneficios para su desarrollo mental. Algunos ejercicios que pueden realizarse, aparte de la meditación y observación de las emociones y pensamientos internos, son los masajes, en los que los alumnos se dan masajes unos a otros y que además, dicha práctica, conlleva una enseñanza implícita muy importante: respetarse los unos a los otros. Otra actividad es soplar fuerte con los ojos cerrados, de manera que se expulsa la rabia. Por otro lado, observar la textura, el olor y el sabor de algunos alimentos u objetos también potencia esta conciencia plena. Se trata de pensar única y exclusivamente en aquello que los niños están tocando o saboreando. Otros pueden ser ejercicios de relajación, cantar, jugar, colorear, etc.

Los estudios revelan que practicar mindfulness puede ayudar a mejorar muchos factores asociados a las funciones ejecutivas del cerebro lo que beneficia al niño en cuanto al rendimiento académico, en las relaciones sociales y en el entorno familiar. No solo eso, sino que empezar desde las primeras etapas educativas a meditar puede trasladar buenas prácticas de conducta en un futuro y erradicar comportamientos conflictivos así como potenciar la solidaridad, el compromiso y la empatía con el resto de personas con las que se sociabilizan.

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