¿EL APRENDER A: Ser, Conocer, Hacer y Vivir Juntos son suficientes para la formación educativa del futuro?

GERALDINE J.LANGE RODRÍGUEZ | @geralange

LA OPINIÓN DE. . . GERALDINE J.LANGE RODRÍGUEZ 

Geraldine Lange Nacida en Caracas, Venezuela, su actual país de residencia. Licenciada en Educación Ciencias Sociales por la UCAB de Venezuela. Máster en Dirección de Centros Educativos en la Universidad Complutense de Madrid, España. Diplomada en Pedagogía Sistémica y Máster en Pedagogía Sistémica en la Universidad Dr. Emilio Cárdenas en México. Terapeuta Familiar Sistémica Instituto Asgard (Venezuela). En la actualidad es Coordinadora Académica de Bachillerato y da terapia en consulta privada a niños, adolescentes, adultos y parejas. En LA OPINIÓN DE… Nos habla sobre ser competentes y desarrollar habilidades efectivas para poner en práctica en el futuro laboral. 


Hasta hace unos pocos años atrás la búsqueda de personal en una empresa estaba principalmente centrada en candidatos que cumplieran con un título universitario que los acreditara para ejercer un cargo y determinadas funciones, con el paso de los años, esas exigencias se han ido incrementando y no sólo basta contar con el primer requisito, sino que también debemos tener estudios de cuarto nivel, dominar varias lenguas y tener la capacidad de adaptarnos a los cambios rápidos que se están dando en la sociedad, la economía y los ritmos de vida, que por ende influyen en nuestro trabajo, en nuestra forma de afrontarlos y de manejar esta situación.

Si bien pareciera que si contamos con todo lo anterior, ya tenemos garantizado nuestro triunfo profesional, esto no cierto, porque para ser elegible en el mercado laboral de este momento del siglo XXI, también tenemos que sumar dos componentes fundamentales para desempeñar con éxito nuestro rol dentro de la empresa: 1.- Ser competentes en lo que hacemos, 2.- Desarrollar las habilidades que nos permitan desarrollarnos de manera efectiva y eficaz en el ámbito laboral.

Es por ello que las instituciones educativas  y los maestros debemos ampliar la mirada, la cual en un gran porcentaje está centrada en desplegar un proceso educativo que gira en torno a la transmisión de conocimientos y en el cumplimiento de objetivos académicos, para ver un poco más allá  y prestarle atención al desarrollo del talento de los estudiantes, de manera tal que los jóvenes al egresar de nuestras escuelas, tengan potencializadas y conscientes sus habilidades. “(…) hay que formar a los niños y jóvenes para un mundo cada vez más inestable y lleno de incertidumbre.”1

Sobre este tema, La Pedagogía Sistémica, expone una muy interesante investigación, llamada los Colores del Talento que han venido aplicando a aproximadamente 300 estudiantes mexicanos por año, durante la última década y de la cual han desarrollado unas maravillosas conclusiones que nos llevan a reflexionar sobre el cambio que las instituciones educativas debemos generar para permitir el desarrollo del talento no sólo de los chicos que tenemos en las aulas, sino de todo el personal que trabaja en nuestros centros educativos o empresas.

Seguramente nos estemos preguntando: ¿y cómo lo podemos hacer?, ¿qué tendríamos que tomar en consideración?, ¿esta es una responsabilidad exclusiva del maestro o también interviene la familia? en este artículo daré parte de una breve respuesta a estas interrogantes.

En primer término, los maestros debemos tener presente que nuestro trabajo va de la mano con el trabajo familiar, teniendo en cuenta que cada uno va a educar desde donde le toca; la familia, desde su lugar de padres y la escuela desde su lugar de maestros.

En segundo término, “Esta es una competencia para la vida, tanto en el sentido personal como profesional. Al declararnos como instituciones educativas que desarrollan el talento, nos estamos comprometiendo a fomentar e impulsar un movimiento mayor donde las personas cultivan el hábito de generar más energía, más recursos, más talento, más potencial.” 2

Por otro lado, este estudio de los 10 Colores del Talento plantea que en este momento que está viviendo la sociedad a nivel mundial, ya no sólo podemos quedarnos con los cuatro pilares que planteó Jacques Delors(1996) para la educación del futuro, los cuales estaban basados en: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser, si bien esto es importante, los autores señalan que estos cuatro pilares se deben entrelazar con otros cuatro que se fundamentan en los principios de la Hellinger Ciencia y las comprensiones filosóficas que realiza en el campo educativo, desarrollando en los individuos el: aprender a reconocer, aprender a pertenecer, aprender a ubicarse en los sistemas sociales y aprender a mirar el orden y el equilibrio. Lo que nos lleva a afirmar que … el aprendizaje requiere encontrar su posición dentro de la vida de la persona para cobrar significado y dirección.” 3  

Entonces, ¿Cómo se complementarían estos pilares? , cabe decir, que están íntimamente relacionados y basarnos en ellos podría ser una dinámica muy interesante para trabajar el desarrollo personal y el talento de cada uno de nuestros estudiantes y colaboradores:

  1.  Si bien es útil el aprender a conocereste debe ir en función al hecho de aprender a reconocer que este no ha sido un trabajo personal aislado, sino que también los otros hacen y han hecho para preparar nuestro camino.
  2. Para aprender a hacer, primero debemos aprender a pertenecer, ¿pero pertenecer a qué? a sentirnos y ser parte del sistema social del país en donde nacimos o del país en donde vivimos o nos recibió, parte de nuestra comunidad, de nuestra escuela o de nuestro centro de trabajo, es decir, de todos aquellos lugares en donde interactuamos y en donde nuestra presencia o ausencia causa afectaciones. Si no sentimos que pertenecemos al lugar en donde nos desempeñamos, trabajamos, vivimos o estudiamos, el aprender a hacer se hace muy cuesta arriba.
  3.  La convivencia o el aprender a vivir juntos, es uno de los pilares que quizás nos cuesta más a los seres humanos y en el cual notamos un mayor número de conflictos que se generan de las interrelaciones personales, es por ello que debemos mirar un poco más allá del simple hecho de aprender a vivir en comunidad, suena muy fácil al leerlo pero para que realmente se dé, cada uno tendría que trabajar en generar de manera personal la capacidad de aprender a ubicarse en su lugar dentro de la estructura y la jerarquía de los sistemas sociales, este es el inicio de una sana y armoniosa convivencia, a lo que le sigue el aprender a aceptar que cuando pertenecemos a un grupo de cualquier índole, debemos colocarnos al servicio de los objetivos comunitarios y de la mayoría. ¿Cuántas veces dejamos de reconocer al otro y ejercemos sus funciones u obviamos su jerarquía?, ¿cuántas veces hemos ido en pro de nuestros intereses personales pisoteando los intereses del grupo de trabajo o de estudio del cual somos parte? con estas dos simples invitaciones a reflexionar, podemos darnos cuenta de que hemos entorpecido la sana convivencia, generando desórdenes y malestares.
  4.  Para aprender a ser y hacer uso pleno de nuestras facultades y libertades, es vital tener en orden y equilibrio de nuestras vidas, además de tener la capacidad de mirar, respetar y aceptar el orden y las formas de vida de los demás.

Las familias y los educadores tenemos la responsabilidad de dar el siguiente paso y comenzar con nuestros hijos y estudiantes desde edades muy pequeñas a trabajar en pro de una educación más humana, que impulse el forjamiento de sus talentos personales, pero que éstos siempre estén acompañados por un gran respeto hacia el otro, a través del orden, el reconocimiento, la sana convivencia y el equilibrio entre lo que se da y se recibe.

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