¿Cómo alimentamos nuestras emociones?

Mª DEL CARMEN DÍEZ GONZÁLEZ

LA OPINIÓN DE. . . Mª DEL CARMEN DÍEZ GONZÁLEZ 

 Mª del Carmen Díez González (Armellada, León). Maestra de Educación Primaria. Licenciada en Psicopedagogía con la especialización en dificultades del aprendizaje. Realizó los estudios de Doctorado en el Departamento de Psicología, Sociología y Filosofía, en el Programa de Psicología y Ciencias de la Educación, en la Universidad de León. Tesis Doctoral sobre el estudio de las emociones y el aprendizaje presentada en la Universidad de Boston. Docente por vocación en la Universidad CEU Cardenal Herrera. Directora del Proyecto de salud EmocionaT. Directora del Equipo de Investigación (IDAC).  Miembro de la Asociación Castellano-Leonesa de Psicología y Pedagogía, y del National Center of Learning Disabilities ubicado en Boston. En LA OPINIÓN DE… Nos habla sobre el término “emoción” y la aspiración intrínseca del ser humano a “sentirse bien” y ser feliz, así que ¿cómo alimentamos nuestras emociones?


Emoción proviene del término latino “emovere” que significa “mover desde un lugar”. La represión de la emoción impide el movimiento natural y conduce a un estancamiento de los sistemas orgánicos que se alimentan de ella. Cuando las emociones no son procesadas, las experiencias negativas reducen la carga emocional positiva, lo que conlleva  una disfunción en el sistema cuerpo-mente. El ser humano aspira por naturaleza a “sentirse bien” es decir, ser feliz, vivir en amor, ser libre y creativo, buscamos de forma inconsciente, nuestras primitivas experiencias intrauterinas de amor y placer, a lo que tenemos derecho por el hecho de ser creados, sin embargo, a pesar de que tenemos derecho, sentimos un miedo incondicional a ser vulnerados porque cuando fuimos niños lo sufrimos.

Se han realizado muchas investigaciones sobre la relaciones entre padres e hijos, en el plano de la inteligencia general. Sin embargo, en el ámbito emocional es más reciente su estudio. El concepto de “herencia” determina el patrón de vida que nos hemos creado. En realidad nace de un concepto físico pero a su vez constituye un sello de nuestra propia continuidad. Cuando se comenta “es como su padre”, esta afirmación conlleva todo un contenido con valor encomiástico o peyorativo. De esta semejanza, que nace siendo física, se infiere fácilmente un contenido psicólogo y por ende “emocional”. Esta noción crece en el niño hasta incluso convertirse en un “colchón emocional”. Actualmente, la creencia de inmutabilidad está muy arraigada en la sociedad y ello explica el aburrimiento, la propensión a apiadarse de sí mismo, los sueños y necesidades exageradas e incluso “deshumanizadas”.

Las emociones ocupan un papel fundamental desde la infancia ya que presentan una función adaptativa de nuestro organismo. Psicológicamente hablando, las emociones alteran la percepción, la atención, condicionan nuestras conductas y activan la memoria. En el plano fisiológico producen respuestas en el organismo a través de expresiones faciales y corporales. Por tanto, el ser humano puede tomar dos decisiones antes ellas, gestionarlas o reprimirlas. Si decidimos “gestionarlas”, estamos aprendiendo y creando nuestra identidad desde la aceptación y el aprendizaje; si decidimos “reprimirlas” alteramos el significado e inhibimos la expresión física y emocional y por ende, cubrimos nuestro “colchón emocional” con un patrón de indefensión aprendida.

Si nos planteáramos “lo rápido que reacciona un cuerpo ante un ruido estridente, antes de que se haya producido”, podríamos deducir que las reacciones emocionales se adelantan incluso antes de que el cerebro pueda registrarlo. Sin embargo “si en un bosque cae un árbol y no hay nadie en el bosque, ¿reaccionaríamos antes que el ruido?”…

Seligmann Fromm, gran pensador alemán del siglo XX, afirmaba que el ser humano está desbocado a producir y consumir cosas en detrimento de otros ideales. Mientras ponemos el acento en ello devenimos nuestra relación con los demás y perdemos contacto con la naturaleza. La Sociedad de Observación de Nubes (Cloud Appreciation Society) que se creó en Londres, inspirada en el médico Luke Howard, argumenta que la observación de las nubes beneficia el alma y nos pone en contacto con la naturaleza y por tanto, con nosotros mismos. Este curioso ejemplo nos recuerda que debemos diferenciar entre las “circunstancias” y los “dramas”. Las circunstancias que nos rodean solo son una parte de un todo, pero algunas veces perdemos la perspectiva. De hecho, dedicamos más horas a ver el tiempo en el móvil o en la televisión que a mirar el cielo, es decir, “adelantamos nuestros deseos a nuestras necesidades”.

La vida es esencialmente una experiencia de aprendizaje y estas experiencias nos invitan a una forma de vida más simple y feliz. Todas las situaciones, retos, contienen un mensaje que merece la pena aprender y enseñar. Las exageraciones, las creencias desalentadoras y discursos derrotistas pueden reemplazarse por pensamientos de seguridad, confianza y optimismo. A través del Proyecto de Salud EmocionaT (explica la autora del mismo) se promueve  la “higiene mental” mediante la gratitud, el perdón, el gozo, el sentido del humor, el amor, el asombro, la humildad, el optimismo, entre otras, que ejercen un poder disparador sobre las emociones gestionando su voz interior.

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