Conocimiento y educación. Tratamiento de respuesta fundamental (TRF)

LA OPINIÓN DE. . . PEDRO ADALID

Pedro Adalid es doctor en educación, profesor universitario de Políticas de Calidad Educativa – Planes de Mejora y profesor especialista en Educación Especial.

Hoy en LA OPINIÓN DE… Nos habla sobre Conocimiento y educación. Tratamiento de respuesta fundamental (TRF). La novedosa estrategia que mejora el habla en niños autistas. 

 

 

El autismo no es considerado como un diagnóstico único, sino que forma parte de un conjunto de perturbaciones denominado, trastornos de espectro autista (TEA), dentro de los cuales se encuentra el autismo, síndrome de Rett, síndrome de Asperger, trastorno desintegrado infantil (o síndrome de Heller), y trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Los pacientes pueden ubicarse en cualquier parte de ese espectro, los cuales comparten en común, alteraciones en tres áreas específicas: déficit de comunicación, problemas con la interacción social, y un patrón anormalmente restringido de comportamiento.

Los TEA se consideran una discapacidad del desarrollo, que afecta de manera distinta a cada persona que los padece, pudiendo haber síntomas desde muy leves a muy graves, e incluso pueden cambiar con el tiempo. Los niños con esta condición, generalmente viven encerrados en sí mismos, con una capacidad muy limitada de comunicación verbal e interacción con su entorno. Es frecuente que también tengan problemas de comunicación no verbal, como el contacto visual, gestos con las manos y cuerpo en general, y las expresiones faciales. Esta limitación comunicacional, incide negativamente en sus relaciones sociales, y les impide hacerse comprender por los demás y/o comprenderlos.

Si se sospecha que un niño presenta un TEA, por ser una alteración especialmente compleja, deberá ser atendido por un equipo multidisciplinario de especialistas para poder ser diagnosticado, y dentro de ese grupo debe incluirse un experto en habla y lenguaje, el cual estará capacitado para hacer una valoración completa de esta habilidad en el niño, descartar que no presente problemas de audición, y diseñarle un plan de tratamiento adecuado que le permita mejorar su comunicación con el entorno.

Es esencial utilizar herramientas en los niños con TEA, que les enseñe a mejorar sus habilidades de comunicación y puedan alcanzar su máximo potencial. Existen muchos programas de intervención para mejorar sus habilidades de comunicación, pero la mejor manera de tratamiento será aquella que comience desde temprano, durante sus años preescolares, y esté adaptado a la edad e intereses particulares del niño. El programa a aplicar debe ayudar con las habilidades de comunicación, con sus problemas de comportamiento, además de fortalecer las acciones positivas en la persona. Generalmente, los niños con TEA responden positivamente a los programas de intervención bien estructurados. Es fundamental que los padres, familiares y/o cuidadores del niño, se involucren e integren al programa de tratamiento, para que éste pueda formar parte de la vida diaria del niño y se obtengan mejores resultados.

Atendiendo a este orden de ideas, uno de los mayores problemas en los niños con TEA es la falta de desarrollo en su comunicación, lo cual está relacionado directamente con los problemas de conducta, y esto provoca frustración, desmotivación y desánimo, no solo en el niño, sino también en sus familiares. El diagnóstico temprano será primordial para poder tratar e influir positivamente en el pronóstico funcional del niño a largo plazo. Por lo tanto, es importante que los pediatras conozcan las señales de alarma de autismo, y de encontrar algún rasgo, indicar la valoración inicial de un neuropediatría y posteriormente la intervención de todo un equipo multidisciplinario, que involucre no sólo a los diversos especialistas médicos (neurólogos, psicólogos, logopedas, fonólogos, psiquiatras, etc), sino también a la familia, a su entorno educativo y a toda la comunidad que lo rodea.

Como cada caso es único, dada la heterogeneidad de los pacientes, no existe unanimidad en cuanto al método de tratamiento ideal, porque debe adaptarse al entorno y a las condiciones individuales, además suele ser complicado comparar los diversos métodos de intervención, por lo que resulta difícil recomendar uno en particular, en base a la evidencia científica. Sin embargo, recientemente se ha publicado los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, los cuales demuestran que el tratamiento de respuesta fundamental (TRF), otorga mejores resultados que otras terapias de motivación actualmente usadas en los niños autistas.

El TRF consiste en observar lo que le interesa al niño y usar eso que le causa interés, para estimular el habla. Esto se determinó por un estudio de seis meses, en el cual se evaluó la respuesta de niños, de 2 a 12 años, con autismo. El tratamiento TRF fue aplicado a 50 niños junto con sus padres, mientras que los otros 50 niños, se sometieron a los tratamientos habituales. Los resultados en el grupo tratado con TRF fueron sorprendentes según lo observado mejorando con esta técnica las habilidades de vocabulario y comunicación en su niño, ayudando a entender lo que él niño quería y necesitaba, además de ayudarlo a disminuir sus niveles de frustración.

Al finalizar el período de estudio, los niños en el grupo TFR hablaron más que aquellos en el grupo de comparación, y lograban usar palabras comunes que podían ser identificadas por otros, un marcador de interés en el progreso, dado que muchos de los niños participantes hablaban confusamente al inicio del estudio. Por estas razones, los investigadores de Stanford piensan, que esta es una técnica prometedora que puede mejorar el habla del niño autista, pero que necesita investigaciones más amplias, para poder evaluar si se reproducen los resultados, además sugieren a los padres de los niños que se involucren totalmente en la terapia, lo cual es fundamental, porque se les enseña cómo establecer situaciones para motivar a sus hijos a comunicarse mejor. Hay que educar y concientizar a la familia, para que se involucre totalmente en el tratamiento, porque el niño con TEA vive integrado en su ambiente familiar, por lo que una adecuada información en sus parientes, hará posible potenciar la intervención, logrando un mayor aprendizaje con un menor grado de frustración y estrés. En este sentido, no sólo será necesario un diagnóstico adecuado, sino también la formación a la familia para que puedan estimular al niño, además del apoyo institucional y la comprensión de la sociedad.

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