El cerebro no termina de madurar en la adolescencia: su corteza prefrontal alcanza un punto de inflexión decisivo en torno a los 24 años. Es la principal conclusión de un atlas internacional publicado en la revista Nature por el consorcio PsychAD, que ha analizado más de 1,3 millones de núcleos celulares de 284 donantes sin patología psiquiátrica ni neurodegenerativa, con edades desde la etapa fetal hasta los 97 años.
Tres fases a lo largo de la vida
Los datos describen una trayectoria no lineal: una intensa remodelación en el desarrollo temprano, una etapa de relativa calma en la edad adulta y un nuevo cambio molecular en la vejez. En la infancia y la adolescencia son las neuronas las que más se ajustan; en la vejez el protagonismo pasa a las células gliales (astrocitos, microglía y oligodendrocitos), que refuerzan programas ligados a la respuesta inmune, el estrés celular y los ritmos circadianos.
Una ventana de resiliencia hacia los 12-13 años
Los autores identifican un periodo de resiliencia neuronal con un pico de expresión defensiva alrededor de los 12 o 13 años. Cualquier alteración genética o ambiental previa podría dejar secuelas permanentes en la edad adulta.
Lo que dicen los expertos
Juan Lerma, del Instituto de Neurociencias CSIC-UMH, explica que los datos muestran hasta cuándo puede considerarse inmaduro un individuo y qué repercusiones pueden tener en el cerebro los sistemas educativos deficientes, las redes sociales o el consumo de alcohol y drogas. Marta Nieto (CNB-CSIC) apunta que, para entender la vulnerabilidad neuronal con la edad, quizá haya que mirar también cómo envejecen las células que alimentan y protegen a las neuronas. Rafael Yuste, de la Universidad de Columbia, recuerda que mapear todos los tipos celulares del cerebro era el sueño de Cajal.
Fuente: SINC, reportaje de Antonio Villarreal (23/09/2026), publicado bajo licencia Creative Commons BY 4.0. Adaptado por Educación Press. Foto: Shawn Day / Unsplash. Referencia: Hui Yang et al., Nature, 2026.