El silencio creador

LUIS GUTIÉRREZ ROJAS | @GutierrezRojasL

LA OPINIÓN DE. . . LUIS GUTIÉRREZ ROJAS 

Luis Gutiérrez Rojas, (Granada 1977), Doctor Psiquiatra, speaker y socio de . Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (2001), especialidad en Psiquiatría, becado por la Sociedad Española de Psiquiatría para realizar su último año de residencia en el Hospital Bellevue de Nueva York. Doctorado sobre la calidad de vida en el trastorno bipolar, obteniendo el Premio Extraordianrio de Doctorado, tesis que defendió en la Universidad de Granada en el año 2008. En la actualidad participa en congresos, charlas y también forma parte del grupo de investigación en Psiquiatría y Neurociencias vinculado al Centro de Investigación en Biomedicina asociado a la Universidad de Granada. En LA OPINIÓN DE… Nos habla del silencio, de cuán necesario es éste para generar y crear imaginación, pensamiento y fomentar la reflexión.


Cualquier persona que hoy en día se dedica a tareas docentes sabe que se enfrenta a todo tipo de dificultades para conseguir que sus alumnos estén motivados y concentrados para poder sacar de ellos el mejor rendimiento posible.

Los peligros que dificultan dicha labor son múltiples y muchos de ellos son conocidos y motivo de preocupación en pedagogos y responsables de las tareas educativas, pero otros son más sibilinos y difíciles de objetivar y es precisamente de uno de ellos del que les quiero hablar.

Una de las características propias de la sociedad actual es la falta de silencio. Hay tanto ruido, tanta información, tanta imagen que se torna muy complicado conseguir que los alumnos adquieran nuevos conocimientos. El déficit de atención (las dificultades de concentración) es un fenómeno creciente que cada vez afecta a más niños.

Como psiquiatra clínico he atendido a escolares (y también a adultos) que padecen este trastorno y que han mejorado con las diferentes terapias que existen a nuestra disposición por lo que no soy de aquellos que creen que la enfermedad no existe o es inventada. Sin embargo, sí que puede afirmarse con rotundidad que no todo déficit de atención se debe a un trastorno clínico, de la misma forma que no todo paciente con fiebre tiene una infección.

Nuestra sociedad dificulta la concentración porque huye como de la peste de las condiciones que facilitan la misma. Un buen plan docente (una buena estrategia) centrada en mejorar la cognición de nuestros alumnos debería enfocarse en reducir la actividad, disminuir el ruido, provocar el silencio, fomentar la reflexión y permitir que las personas podamos pensar.

En mis conferencias muchas veces digo de broma que el mejor psiquiatra es el psiquiatra mudo pues es aquel que escucha al paciente permitiéndole que este entienda, caiga en la cuenta, de lo que le sucede y obre en consecuencia. El arte de la medicina no consiste en decirle al paciente lo que tiene que hacer sino que sea él el que sepa lo que tiene que hacer. De la misma manera una buena educación debería estar centrada en hacerle al alumno las preguntas adecuadas para que encuentre las respuestas correctas.

Palabras, palabras, palabras que decía Shakespeare, hay demasiadas, tantas que ya no sabemos dónde está la verdad. Nuestros hijos se ven abocados a una vida social tan intensa, a unas actividades extraescolares tan necesarias y a un verano tan lleno de viajes que se les roba la posibilidad de ejercer un derecho imprescindible: el derecho a aburrirse, a no hacer nada en concreto, a escuchar el silencio.

Eso no quiere decir que deban tumbarse en un sofá y se atiborren a pantallas, sino en generar un silencio creador que les lleve a ejercer la imaginación, jugar en la calle, interpretar un personaje o inventarse un nuevo juego.

Paradójicamente cuando alguien lo tiene todo hecho, cuando todo está prefabricado, el alumno se bloquea, por eso es necesario permitir que sean ellos los que (en función de su capacidad y edad) vayan tomando decisiones, aprendan a equivocarse y se formen su propio criterio.

Solo en el silencio (y en una sana soledad) se puede memorizar, se puede leer tranquilamente y se puede entender lo que a uno le pasa. Solo desde el silencio alguien puede descubrir la trascendencia.

Por eso nuestra sociedad, cada vez más rápida, más acelerada, más multitarea, es más pobre, materialista y hedonista. Todos sabemos que no vamos por buen camino pero para darnos cuenta deberíamos de ser capaces de pararnos a pensar, aunque sólo fuera por un momento.

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