La IA y el primer empleo ya están cambiando lo que se exige a quien empieza su carrera. Los puestos de entrada más expuestos a la inteligencia artificial tienen hasta siete veces más probabilidades de pedir capacidades que hasta ahora se asociaban a perfiles sénior, como juicio, creatividad, liderazgo o trato con las personas, según datos del sector basados en el análisis de 2,4 millones de empleos júnior en Estados Unidos.
La consultora tecnológica Qaracter, especializada en banca y seguros, lo resume como una «seniorización del primer empleo»: el perfil júnior no desaparece, pero necesita antes competencias que tradicionalmente adquiría tras varios años de experiencia. Es un cambio que interpela a universidades y centros de Formación Profesional sobre cómo se prepara hoy a los futuros titulados.
Qué tareas cambian para quien empieza
Buena parte de los encargos con los que se estrenaba un profesional júnior, como la investigación inicial, la síntesis de documentos, los borradores, los informes básicos, la programación sencilla, las pruebas o la atención de primer nivel, son justo los que las herramientas de IA pueden asumir cada vez más. La Organización Internacional del Trabajo apunta que la IA generativa afectará sobre todo a tareas concretas dentro de los puestos, más que a ocupaciones completas.
El valor se desplaza así hacia interpretar información, detectar errores, validar resultados, entender el negocio y tomar decisiones. «Si una herramienta puede producir el primer análisis o el primer borrador, el profesional necesita aprender antes a comprobarlo, contextualizarlo y convertirlo en una decisión útil para el negocio», explica Enrique Galván, consejero delegado de Qaracter.
Lo que dicen los datos
Los estudios que cita la consultora desaconsejan las conclusiones deterministas. Un trabajo del Stanford Digital Economy Lab observa que, en Estados Unidos, el empleo de los trabajadores de 22 a 25 años en algunas ocupaciones muy expuestas a la IA ha evolucionado peor que el de los profesionales de más edad en esos mismos puestos, sobre todo porque se contrata menos. Sus autores advierten de que los resultados no permiten atribuir la causa solo a la inteligencia artificial.
La OCDE añade que el deterioro de algunas oportunidades para los jóvenes comenzó antes de la expansión de la IA generativa y afecta en especial a tecnología, finanzas y servicios profesionales, sectores que también han sufrido ajustes tras la pandemia, la subida de los tipos de interés y el frenazo de la inversión.
En España no se aprecia, por ahora, un desplome de la contratación joven: el SEPE registró 6,38 millones de contratos a menores de 30 años en 2025, un 4,93 % más que el año anterior. Qaracter señala, aun así, una caída significativa de las vacantes tecnológicas que no piden experiencia previa.
La IA como herramienta para aprender
La misma tecnología que automatiza tareas puede acelerar a quien empieza. Una investigación del National Bureau of Economic Research con más de 5.000 agentes de atención al cliente comprobó que un asistente de IA generativa elevó la productividad un 14 % de media y hasta un 34 % entre los trabajadores noveles o de menor rendimiento.
Para la consultora, la clave es usar la IA también para aprender, porque delegar una tarea en una herramienta y saber hacerla no es lo mismo. Las tareas rutinarias servían a la vez para producir y para enseñar cómo funciona una organización, de modo que automatizarlas obliga a rediseñar los programas de acogida, de formación de recién titulados y de mentoría, combinando IA, contacto con el negocio, supervisión experta y responsabilidad progresiva.
«Automatizar el trabajo de hoy sin rediseñar cómo se aprende puede convertirse en un problema de talento mañana», advierte Galván, que pide a las empresas no medir solo la productividad, sino también si están formando profesionales con criterio.