Aprender a hablar no es un proceso lineal. Un equipo del Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-UPF) y del Instituto de Investigación Sanitaria Illes Balears (IdISBa), con participación del IFISC (CSIC-UIB), ha convertido conversaciones espontáneas de niños en redes matemáticas y ha localizado un punto de inflexión en la sintaxis infantil alrededor de los dos años y dos meses. El trabajo se publica en Physical Review Research.
De las frases a las redes
Los investigadores analizaron 142 sesiones de habla infantil en neerlandés de la base de datos CHILDES: 82 de menores con desarrollo típico y 60 con desarrollo atípico (síndrome de Down, discapacidad auditiva o trastorno específico del lenguaje). Cada frase se descompuso en un árbol de dependencias y los árboles de cada sesión se fusionaron en una «red sintáctica» en la que las palabras son nodos y las relaciones entre ellas, enlaces. Cada red se describió con 18 propiedades, como el vocabulario, el número de conexiones o la presencia de ciclos.
Un salto brusco hacia los dos años
Las redes de los niños siguen una trayectoria ordenada: pasan de estructuras simples, parecidas a cadenas, a configuraciones más densas y conectadas. Luís F. Seoane compara el cambio con una transición de fase, como el agua que se congela al cruzar los cero grados.
Trayectoria común, con paradas
En los niños con desarrollo atípico, las redes siguen el mismo recorrido, pero a menudo no llegan a las fases finales, incluso a edades mayores. Según Lluís Barceló-Coblijn, primer autor, la maduración del lenguaje sigue un patrón compartido y ciertas condiciones clínicas pueden dificultar el paso final. El equipo advierte de que hay que ampliar el análisis a más idiomas y poblaciones antes de aplicarlo en la clínica.
Fuente: SINC (08/09/2026), a partir de información del IBE, publicada bajo licencia Creative Commons BY 4.0. Adaptado por Educación Press. Foto: Unsplash. Referencia: Barceló-Coblijn, Eguíluz y Seoane, Physical Review Research (2026).