La inteligencia artificial amplía las formas de acoso entre menores: imágenes manipuladas, voces clonadas, vídeos falsos, perfiles inexistentes o contenidos fabricados para humillar a una persona y difundidos de forma masiva. Ante este escenario, la educadora y experta en inteligencia emocional Eliana Delacour, project manager de Sure of Self Forum, defiende que docentes y familias no necesitan ser expertos en IA, sino saber reconocer las señales de alerta y cómo responder.
Señales antes que tecnología
«Antes de detectar un deepfake, muchas veces podemos detectar otras señales de alarma», explica Delacour: un niño que ha dejado de querer ir al colegio, que tiene dolores recurrentes, que se aísla, cambia de comportamiento, baja su rendimiento o empieza a vivir con miedo.
«Aunque la tecnología cambie, las señales del sufrimiento humano siguen ahí», afirma la experta.
Formación y protocolos
Sure of Self plantea que la formación del profesorado avance en dos direcciones. Por un lado, entender qué es la inteligencia artificial, qué contenidos puede generar, cómo permite manipular imágenes, vídeos o voces y qué riesgos plantea para la privacidad y la identidad de los menores. Por otro, saber qué hacer después. «Podemos tener un profesor que reconozca un deepfake, pero si no sabe qué hacer después, nos quedamos a mitad de camino», señala Delacour.
Los protocolos de los centros también deben adaptarse. «Tienen que evolucionar al mismo ritmo que evolucionan las formas de relacionarnos», dice la también experta en neurociencia aplicada, que pide hacerlo desde valores sólidos centrados siempre en la dignidad del niño.
Empatía digital desde edades tempranas
Delacour propone trabajar desde pequeños la empatía digital, el consentimiento, la privacidad, el pensamiento crítico, la huella digital y la responsabilidad colectiva. Y ayudar a los menores a entender que acosar por internet no es inocuo, que no tener a la víctima delante no reduce el daño y que compartir o reenviar un contenido humillante también amplifica sus consecuencias.
Con las herramientas de IA generativa, plantea enseñarles que poder hacer algo no significa tener derecho a hacerlo, y que antes de reenviar un meme o una foto que ridiculiza a un compañero conviene pensar cómo le afectará. «No solo tenemos que enseñar a los niños a utilizar la inteligencia artificial, sino a utilizarla con responsabilidad sin perder la humanidad», subraya.
¿Cuándo empezar? Para Delacour no hace falta explicar a un niño pequeño cómo funciona un algoritmo, pero sí transmitirle pronto que no todo lo que se ve en una pantalla es verdad. La educación digital, sostiene, no debería arrancar con el primer móvil, sino cuando el niño empieza a interpretar el mundo a través de una pantalla.
Un acoso que no termina al salir del colegio
El ciberacoso ha difuminado la frontera entre el espacio escolar y el digital: un mensaje enviado por la noche o una imagen difundida durante el fin de semana pueden tener consecuencias en el aula al día siguiente. «Para un niño, la vida digital y la vida presencial son prácticamente lo mismo», recuerda Delacour, que considera que la escuela debe intervenir cuando algo ocurrido fuera del centro afecta a la convivencia, la seguridad o el bienestar de su alumnado.
El papel de las familias
Sure of Self recomienda a las familias mantener conversaciones habituales sobre lo que los menores ven y hacen en internet, sus amistades digitales y cómo sus comportamientos pueden afectar a otras personas. Preguntas como «¿Has visto algo hoy que te haya incomodado?» o «¿A quién acudirías si algo en internet te hace sentir mal?» pueden ayudar a construir esa confianza.
Estas cuestiones se abordarán en el Sure of Self Forum: Bullying Tolerancia Cero, que se celebrará el 18 de noviembre en Madrid. Una de sus mesas se dedicará a la ciberseguridad y la educación digital, con el foco en la prevención y la detección temprana.