Los pediatras de Atención Primaria alertan de que niños y adolescentes acceden a contenidos sexuales en internet a edades cada vez más tempranas y, con frecuencia, sin haberlos buscado. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) lo advierte con motivo del Día Internacional de la Niña, que se celebra el 11 de octubre, y ha publicado una guía de recursos para familias, profesionales sanitarios y educadores.
Las vías de acceso son las redes sociales, la publicidad, las búsquedas en internet o los contenidos que comparten otros menores, sin que exista una búsqueda deliberada de pornografía.
Qué dicen los datos
Según el informe de Save the Children (Des)Información sexual: pornografía y adolescencia, publicado en 2020, la edad media del primer acceso era de 12 años. El Informe España 2024, de la Universidad Pontificia Comillas, recoge que el 25 % de los adolescentes había visto pornografía por primera vez antes de los 12 años y el 6,5 %, a los 8 años o antes. AEPap cita ambos estudios.
Una guía para familias y docentes
El documento, titulado Consumo de pornografía en la infancia y adolescencia, se ha difundido a través del boletín de Educación para la Salud de la asociación. Reúne guías, manuales, estudios científicos, recursos educativos, materiales audiovisuales y propuestas de formación para facilitar la prevención y el abordaje de esta exposición.
Marta Esther Vázquez Fernández, co-coordinadora del Grupo de Trabajo de Educación en Salud de AEPap, explica que la idea es muy práctica: «no dejar a las familias solas ante una realidad que muchas veces no saben cómo abordar».
A los pediatras les preocupa especialmente que la exposición llegue cuando los menores aún no tienen herramientas para interpretar lo que ven. Según Vázquez, no es lo mismo que un adolescente con educación afectivo-sexual previa se tope con una imagen por accidente que un niño pequeño la tome por una representación real de las relaciones sexuales.
Más allá de los filtros
AEPap subraya que la prevención no puede limitarse a bloquear páginas o instalar filtros en los dispositivos. «Los controles parentales pueden ayudar, pero necesitan complementarse con educación sexual, alfabetización digital y pensamiento crítico», apunta Vázquez.
La asociación recuerda que la pornografía no está diseñada para dar educación sexual y que puede transmitir una visión distorsionada del consentimiento, la comunicación, el deseo, la intimidad, los cuerpos, el placer o la diversidad sexual.
Redes, inteligencia artificial y niñas
Los menores pueden encontrar contenidos sexualizados integrados en su consumo habitual de redes y aplicaciones, en ocasiones manipulados con inteligencia artificial, y los sistemas de recomendación de las plataformas pueden hacer que reaparezcan una y otra vez.
Con motivo del Día Internacional de la Niña, AEPap pone el foco en niñas y adolescentes. Según la asociación, la difusión de estos contenidos puede reforzar estereotipos de género, sobre todo cuando las mujeres aparecen como objetos sexuales o se representan relaciones basadas en la dominación o en prácticas sin consentimiento. También puede condicionar la percepción del propio cuerpo y aumentar la presión para ajustarse a modelos irreales.
Esa presión se relaciona, añade, con el envío de fotografías íntimas, su difusión sin consentimiento y la culpabilización de la víctima. La pediatra insiste en un mensaje claro: la responsabilidad de una difusión sexual no consentida corresponde a quien la realiza o la difunde, nunca a la persona que aparece en la imagen. Las plataformas y las administraciones, añade, tienen un papel en la detección, la retirada y la prevención de estos contenidos.
La asociación matiza que no todos los adolescentes que consumen pornografía tendrán consecuencias negativas. Pero, como la adolescencia es una etapa de construcción de la identidad, la comparación con cuerpos y comportamientos que se ven en internet puede favorecer la inseguridad o la insatisfacción con la propia imagen. Si se suma la presión social para compartir una imagen íntima, las consecuencias pueden incluir vergüenza, miedo, aislamiento, acoso o pérdida de confianza.
El papel de la consulta pediátrica
Según AEPap, la consulta de Pediatría del centro de salud puede ser un espacio para abordar estas cuestiones con naturalidad: preguntar por el uso de internet y las redes, detectar situaciones de riesgo, dar información fiable y orientar a las familias. Ante acoso, difusión de imágenes íntimas, conductas sexuales problemáticas o afectación emocional, los profesionales pueden activar además los recursos de protección necesarios.
Para la asociación, la prevención es una responsabilidad compartida. «No podemos pedir a una familia que controle individualmente un problema que tiene también una dimensión estructural y tecnológica», concluye Vázquez. El objetivo, resume AEPap, es dar a niños, niñas y adolescentes herramientas para desenvolverse de forma segura y crítica en un entorno digital donde la exposición puede llegar mucho antes de que estén preparados para entenderla.